publicado originalmente en el semanario regional Opinión Caribe
“Poner dinero
en las manos de mujeres puede tener un efecto positivo a largo plazo en toda la
familia, pero las mujeres siguen sufriendo más la pobreza que los hombres en el
mundo”. Proyecto Half the sky
“Sólo es
posible hablar de verdadero desarrollo cuando todos los seres humanos, hombres
y mujeres, tengan la posibilidad de disfrutar de los mismos derechos y
opciones” Organización de las Naciones Unidas (ONU)
¿Cuántas mujeres conocemos que han
sido acosadas en la calle, bien sea física o verbalmente?, ¿cuántas historias
hemos escuchado de jóvenes “manoseadas” en el transporte público o en lugares
muy concurridos?, ¿cuántas violaciones siguen siendo justificadas por una
actitud o modo de vestir de la víctima?, ¿cuántas mujeres brillantes no lograrán
nunca ser gerentes, socias, ejecutivas, congresistas, ministras o presidentas a
pesar de sus capacidades?, ¿cuántas personas en el mundo no pueden acceder a
educación, salud, empleo o vivienda digna por el simple hecho de ser mujeres?
La igualdad de género es un tema
fundamental en cualquier sociedad y uno de los principales retos de todas las
democracias contemporáneas. No es un asunto de feministas extremas, de
académicos aburridos, de divorciadas amargadas o de desesperadas locas que
odian a los hombres, como muchos infortunadamente aún piensan. La persistencia
de inequidades entre mujeres y hombres es un problema serio que se manifiesta
en todos los aspectos de la vida: laboral, familiar, social, afectivo,
político, educativo y económico, trayendo así profundas consecuencias en la
vida diaria de hombres y mujeres, y por ende, en el futuro de un país.
Numerosos estudios señalan que
los países y empresas que fomentan la equidad de género avanzan “más rápido y
más lejos”. Como señaló Michel Bachelet en 2012, siendo Secretaria General
Adjunta de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de ONU Mujeres: “una mayor
igualdad de género se correlaciona positivamente con un mayor PIB per cápita;
la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo y los ingresos genera
mayor crecimiento económico y tienen un efecto multiplicador en la sociedad
como un todo; la igualdad de acceso de las mujeres a la tierra y otros insumos
agrícolas aumenta la productividad agrícola en un 20 a un 30%, y reduce el
número de personas con hambre; las empresas con tres o más mujeres en sus
juntas directivas, o en la alta dirección, superan su rendimiento en un 53% en
comparación con aquellas en las cuales no está ninguna mujer”[1].
Trabajar por un entorno justo
para las mujeres es entonces “un buen negocio” y no solo un discurso
trasnochado sin ningún impacto. Incluso para el Banco Mundial, “empoderar a las
mujeres y niñas no solo es lo correcto, sino que además es una medida acertada
desde el punto de vista económico y esencial para poner fin a la pobreza y promover
la prosperidad (…)”[2].
De igual modo, de acuerdo con Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario
Internacional (FMI): “Las mujeres representan 70% del gasto de consumo global.
Si queremos crecimiento, debemos ponerlas al mando”[3].
Sin embargo, muy a pesar de todos
estos llamados de atención, las mujeres en sociedades desiguales siguen sin
poder explotar su potencial, el cual podría hacer la diferencia para millones
de familias en condición de vulnerabilidad. Millones de mujeres en el mundo
siguen enfrentando problemas como las barreras de acceso a la educación
(religiosas y económicas principalmente), sueldos más bajos, abuso psicológico
y sexual, violencia física, labor doméstica no remunerada económicamente ni
valorada socialmente, desempleo, embarazo adolescente, dificultades para
obtener créditos o desarrollar proyectos productivos sostenibles, entre otros.
¿Por qué este debate es importante para una ciudad como
Santa Marta? Porque las mujeres juegan un papel fundamental en la solución de
sus problemas más relevantes y urgentes: el desarrollo estratégico del turismo,
la superación de la pobreza, la planificación urbana incluyente, el
fortalecimiento de la producción rural sostenible, la gestión adecuada de los
recursos naturales, la organización comunitaria y de la sociedad civil, la
participación ciudadana activa, el control social efectivo y un largo etcétera.
Más de 237.000 mujeres habitan en
Santa Marta, lo cual representa el 51,3%
de la población[4].
Pero esta mayoría numérica siempre ha sido, paradójicamente, una minoría
política y económica, al igual que en el resto de Colombia y el mundo. Por esta
razón se hace urgente que, en ciudades como Santa Marta, se aborde desde todos
los sectores el asunto; desde las decisiones de alto nivel hasta a manera como
los ciudadanos de a pie nos relacionamos unos con otros. Desde lo público, se
requieren políticas focalizadas e incluyentes, sobre todo en lo educativo y
laboral. Desde el sector privado, un compromiso en temas puntuales como la
igualdad salarial. Desde la sociedad civil, la movilización y el empoderamiento
necesario para presionar por cambios políticos como mayor inclusión de mujeres
en la toma de decisiones, transparencia y participación ciudadana. Desde las
escuelas y hogares, un proceso de toma de conciencia con respecto a la
necesidad de promover mayor respeto hacia las mujeres en todos los ámbitos de
la vida cotidiana: la música, el deporte, el lenguaje que usamos a diario, el
transporte público, los colegios, la forma en que se enseña la historia, el
humor, la televisión, las relaciones familiares, la división de
responsabilidades y tareas en el hogar y otro largo etcétera.
En conclusión, se necesita de manera
urgente que en ciudades intermedias con potenciales enormes de desarrollo, como
Santa Marta, se fomente la creación los contextos adecuados para que las
mujeres puedan invertir en sí mismas y sus familias, generando así prosperidad
para sus sociedades. En definitiva “la inversión en la promoción de la igualdad
de género y el empoderamiento de las mujeres son vitales no sólo para mejorar
las condiciones económicas, sociales y políticas de la sociedad en su conjunto
sino para lograr una ciudadanía integral y una democracia más sólida.”[5]
Bogotá, D.C., Colombia. 31 de agosto de 2015
[1]
Bachelet, M. (2012). “Poder, La mujer como motor de crecimiento e inclusión
social”. Perú: Conferencia Internacional sobre Inclusión Social.
[2]
Banco Mundial. (s.f.) Objetivos de
Desarrollo del Milenio. Recuperado de: http://www.bancomundial.org/odm/mujeres-igualdad.html
[3] Fuentes,
A. (2015) “Mujeres la mejor inversión”. Agenda.
World Economic Forum. Recuperado de: https://agenda.weforum.org/espanol/2015/01/21/mujeres-la-mejor-inversion/
[4]
DANE (2012) Proyección de población por
sexo a 2012. Santa Marta: DANE.
[5]
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD- (2012). Magdalena 2012. Estado de avance de los
Objetivos de Desarrollo del Milenio, p. 83